¿Cómo lidiar con las pasiones de la maldad?

Aceptar que he estado guiada por mis pasiones y poco por mi sabiduría, ha sido mi primer paso. Aceptando que al igual que todos me he dejado llevar por mis pasiones por juzgar, ofender, insultar, lastimar y reflexionar sobre ellas y saber que yo también, sin excepción las llevo conmigo ;  me han ayudado a comprender que todos los seres  humanos nacemos con las mismas pasiones y todos cada uno de nosotros en mayor o menor escala sufrimos por ellas.

Cuando sufrimos nos acoge un sentimiento de tristeza que nos lleva a sentir compasión por nosotros mismos, nos sentimos impulsados aliviar nuestro dolor o sufrimiento, a remediarlo o a evitarlo. Este sentimiento es simplemente compasión y cuando lo sentimos por nosotros mismos, podemos también sentirlo por el prójimo. Mi dolor es el dolor del otro. Mi sufrimiento es el sufrimiento del otro, mi compasión es la compasión del otro.

Compasión para entender que pasa por la mente de nosotros cuando queremos lastimar ¿Qué nos lleva a ser tan cicutas o tan despidos con el otro?   Cuando reflexiono en lo que yo hago, como y porque actúo de tal forma, comienzo a conocerme y por ende a mi prójimo.  En otras palabras mas comunes, cuando yo me pongo en los zapatos del otro comprendo por el dolor que esta pasando.  

Ahora bien, aprendemos a sentir compasión por ese ser que insulta o lastima, pero ¿qué sucede con aquel que roba y mata?   Pues por ese ser también aprendemos a sentir compasión y en muchos casos hasta perdonar. Se escribe muy fácil ¿pero se puede aplicar tan fácil como suena?

No, pero no es imposible de lograr y se requiere de entrenamiento del conocimiento del ser. Y ese empieza por uno mismo. Conocerme para poder conocer al otro, ha sido mi segundo paso para poder lidiar con las pasiones de la maldad.  Cuando comienzo a conocerme verifico y descubro la verdadera virtud. Esa disposición habitual para hacer el verdadero bien. No el infundado por creencias.  Ya que creemos que el bien se da para unos y para otros no. Creemos que si somos de tal religión, secta, grupo o partido hacemos el bien.   Pero si no perteneces a mis grupos y creencias entonces ya eres malo y eres mi enemigo.  Y por ende debes pensar igual a mi o en los peores casos debes morir.  

Suena fuerte ¿cierto? Pero es la realidad, con tan solo estudiar la historia de la humanidad te das cuentas que las guerras, los grupos terroristas, las guerrillas han nacidos por creencias y pasiones sin excepción. Ninguna ha nacido por compasión ni mucho menos por el perdón.

El perdón es uno de los valores más difíciles de llevar a la realidad. Es una decisión personal que requiere valor y mucho esfuerzo, pues va en contra de los sentimientos de enojo y venganza que experimentamos cuando alguien nos lastima.  Difícil sentir compasión y perdonar a quien roba, mata y viola; pero queramos o no es parte de la virtud humana.

El estoicismo, una filosofía helénica nacida mucho antes de las religiones abrahámicas, tenía un pensamiento muy particular acerca del bien y del mal. “Si tu sentido del bien o del mal quizás sea igual al de ellos o parecido, simplemente perdona.  Si tu sentido del bien y el mal difiere del de ellos, entonces ellos están equivocados y merecen tu compasión. ¿Es eso difícil de entender? “

Seneca, uno de los Estoicos, escribía: “Entre los inconvenientes de la condición humana esta también este, la confusión de la mente, y no solo la inevitabilidad del error, sino el amor a los errores. Para no enfadarte con cada uno, hay que perdonar a todo el mundo, hay que conceder el indulto al genero humano. Ser hombre es grande y justa causa. Con esta condición hemos nacido, animales sometidos a no menos enfermedades del espíritu que del cuerpo. Obtusos y lentos, modelos de vicios los unos para los otros” Entonces, “¿Que apacigua la ira del sabio?  La multitud de los que cometen errores. Comprenden que es injusto y también peligroso enfadarse con un vicio universal”

Vicios universales como la corrupción, que nos producen tanto enfado; es uno de los tantos equívocos de la humanidad que he aprendido a compadecer mas no a emular, valga la aclaración para que no haya malas interpretaciones. Siento compasión por aquel que siendo corrupto piensa que se va a enriquecer más y que sus acciones lo llevaran en busca de su propia felicidad.  Compasión por qué se va de este mundo sin haber encontrado su verdadera felicidad. Una felicidad verdadera y duradera que pasa obligatoriamente por la virtud, esa disposición del ser humano para hacer el bien.  

No obstante, aceptar, perdonar y sentir compasión, no quiere decir que estemos de acuerdo con los actos de las personas que hacen el mal y ni mucho menos estemos abandonando la justicia.  Recordemos a líderes sociales como Gandhi, quien libero a la India del colonialismo británico rechazando cualquier tipo de violencia hacia los británicos. 

Y así mismo Martin Luther King, quien bogo por los derechos de los afroamericanos sin violentar al gobierno de turno; incluso animaba a perdonar y amar a todos los estadounidenses de otras razas.  Recordemos sus sabias palabras: “Creo que el amor incondicional tendrá la ultima palabra en realidad. Es por lo que creo que una derrota temporal decente, es mas fuerte que un triunfo envilecido. Debemos cultivar y mantener la capacidad de perdonar. Quien carece del poder de perdonar, carece del poder de amar. Aun queda algo de bondad entre los peores de nosotros y hay maldad incluso en los mejores. Cuando descubramos esto, somos menos propensos a odiar a nuestros enemigos”

Tanto para Gandhi como para Martin Luther King la victoria no se podía concebir a cualquier precio, la violencia no era una opción, porque una victoria obtenida por medio de la crueldad no era aceptable. 

Hoy soy una convencida que la lucha por causas no gana con violencia ni con resentimientos. Resentirnos es jugar el papel de víctimas porque también entramos a juagar con la confusión del odio, del rencor, de la ira; todas esas emociones negativas que cultivamos y nos alejan más del bienestar y la felicidad.  Sin lugar a duda quienes salen más perjudicados son aquellos que obran con tanta maldad aquellos seres   que sufren de tanta amathia  ( la falta de conocimiento de lo que es bueno para  ellos) y si nos llenamos de tanto odio también estaríamos perjudicándolos a nosotros mismos y comenzar a sufrir de amathia. Por eso aceptar, perdonar y sentir compasión es volver a pesar sabiamente...

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