Te Despido Hijo Mio
La ley de la vida dice que los mayores se van primero, que los hijos
entierran a sus padres, pero muchas realidades no son así. Ya hace 20 años vi
como mi madre enterraba a mi hermana y sin ser madre pude entender su dolor. Sin embargo, en estos veinte años, su muerte
no fue en vano. La recordamos todos los días con alegría; porque su muerte nos dejó
un inmenso legado. Con su muerte hemos crecido y seguimos creciendo. Cada día nos
convertimos en nuestras mejores versiones como humanos.
Posiblemente su misión era esa. Morir joven, irse de este mundo para enseñarnos
a amarnos, valorarnos y para trabajar en nosotros mismos.
Hoy que escribo esta carta, puedo sentir su presencia y puedo conectarme
con ella, sintiendo que me guía a escribir. A decirle a cada persona que me lee,
que nos lee; que no tengamos miedos, ni rabias, ni rencores, ni culpabilidades,
que todo es un proceso para vivir al máximo.
“Conmigo se equivocaron en un diagnostico que no debió ser, no debí irme tan temprano,
pero estando donde estoy me siento tranquila y feliz. Todo ha pasado y he
entendido mi proceso”. Estas fueron las palabras que algún día ella, mi hermana
me hizo llegar y fueron las que me empujaron a seguir trabajando en mí.
Y las que hoy siento para compartirlas con un amigo del alma….
Amigo hemos caminado juntos en este planeta, posiblemente en diferentes
caminos y con diferentes personas, pero los senderos siempre nos llevan a un
encuentro.
Hoy querido amigo despides a tu hijo. Tu primer hijo, tu orgullo y tu amor incondicional.
Un amor que nunca olvidarás y que siempre, te lo garantizo, siempre recordaras
con emoción. Todo tiene un propósito y ese lo iras descubriendo a lo largo de
tu caminar. Un propósito que ya empezó con esta despedida tan hermosa que le
haces a tu hijo.
Gracias amigo mío por existir, gracias amigo mío por compartir tan
hermosa despedida. GRACIAS.
Hijo
Hace 30 años y 9 meses te vi
llegar al mundo. Nos alegraste con tu presencia, nos hiciste sentir mejor de lo
que en realidad somos, compartiste tu cálida personalidad sin medida.
Traté siempre de guiarte en las tempestades y explicarte que luego saldría el
sol y vendría la calma. No siempre fue así, muchas veces quise dejar que
vieras que podías solo, no fue fácil para los dos. Tu camino fue difícil
y corto, tu sufrimiento mayor y lo sé. Hoy estas en paz y has entendido que tu
esa fue tu misión, no había otra forma. Yo tengo el resto de la vida para
aceptarlo. Seguirás presente, seguirás a mi lado y yo al tuyo, te quise
mucho y tú también a mí. Nos veremos de nuevo cuando sea el tiempo.
Te despido con estas palabras de San Agustín:
La muerte no es nada. Solo he pasado a la
habitación de al lado. Yo soy yo, ustedes
son ustedes. Lo que somos unos para los
otros, seguimos siéndolo.
Denme el nombre que siempre me han dado.
Hablen de mi como siempre lo han hecho.
No usen un tono diferente.
No tomen un aire solemne y triste.
Sigan riendo de lo que nos hacía reír juntos.
Recen, sonrían, piensen en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre
lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin
señal de sombra. La vida es lo que siempre
ha sido. El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de su mente?
¿Simplemente porque estoy fuera de su vista?
Los espero. No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
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